La capacidad de adaptación se perfila como uno de los factores decisivos para que Chile consolide su posición logística en la costa del Pacífico, en un contexto marcado por la evolución del comercio internacional, el crecimiento de la infraestructura portuaria y una acelerada transformación tecnológica.
Así lo plantean Pilar Larraín, gerente general de la Comunidad Logística de San Antonio (COLSA); Lorena Bearzotti, académica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; y Daniella De Luca, investigadora de la Universidad de Valparaíso, quienes coinciden en que el futuro del sistema logístico nacional dependerá de una mirada integral que incluya tecnología, seguridad, sostenibilidad, capital humano y conexión con los territorios.
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Para Larraín, el desafío supera ampliamente la construcción de nuevos terminales o el aumento de la capacidad portuaria. La evolución de la cadena logística ha demostrado que los distintos componentes están estrechamente relacionados: problemas en las rutas, dificultades para los transportistas o fallas de coordinación terminan repercutiendo en toda la operación.
Esta realidad adquiere especial relevancia en San Antonio. De acuerdo con una investigación de Daniella De Luca, el puerto presenta una ocupación de 91,2%, el nivel más elevado entre los terminales portuarios del país. El indicador evidencia la fuerte demanda existente, pero también plantea interrogantes sobre el margen disponible para absorber nuevos crecimientos.
Para De Luca, el desafío no consiste únicamente en ampliar la infraestructura. La gestión de los procesos adquiere una importancia creciente y existen oportunidades para obtener mejoras mediante la simplificación de trámites, la integración de plataformas digitales, una mayor coordinación entre organismos y la disminución de los tiempos operativos.
Desde COLSA, Larraín asegura que las conversaciones con empresas, operadores y transportistas muestran un diagnóstico cada vez más definido. La seguridad de los conductores, la eficiencia de los accesos, la incorporación tecnológica y el fortalecimiento de la conectividad aparecen entre las principales prioridades. El reto, sostiene, está pasando de identificar los problemas a implementar soluciones con mayor velocidad.
Tecnología y transformación de los perfiles laborales
La innovación también está cambiando la relación entre puertos, transporte y ciudades. Según Bearzotti, el debate ya no se limita a elevar la productividad, sino que incorpora variables como movilidad urbana, sostenibilidad y calidad de vida de las comunidades que conviven con la actividad logística.
Sistemas destinados a programar los flujos de camiones, gestionar accesos y anticipar distintos escenarios operacionales ofrecen nuevas herramientas para enfrentar problemas que durante años fueron considerados parte inevitable de la actividad. Su verdadero aporte, explica la académica, se produce cuando permiten resolver necesidades concretas tanto de las operaciones como de los territorios.
Esta transformación abre además una interrogante sobre las capacidades profesionales que requerirá la industria. La digitalización, la automatización y el uso intensivo de datos están modificando los perfiles que necesitará el sector en los próximos años.
Larraín considera que este proceso representa una oportunidad para fortalecer la formación especializada en las regiones vinculadas al transporte y la actividad portuaria. Bearzotti, en tanto, identifica el capital humano como uno de los espacios con mayor potencial de desarrollo para la logística chilena.
El análisis de datos, la interoperabilidad, la sostenibilidad, la ciberseguridad y la capacidad para tomar decisiones en entornos complejos serán competencias cada vez más relevantes. Más que dominar una tecnología puntual, el desafío estará en formar profesionales capaces de comprender la cadena completa, interpretar información y adaptarse a escenarios que cambian permanentemente.
Comunidades adquieren un papel estratégico
La relación entre los proyectos logísticos y los territorios también ocupa un lugar central en la discusión. De Luca sostiene que la experiencia internacional demuestra que las iniciativas tienen mejores perspectivas cuando incorporan desde sus primeras etapas las necesidades y expectativas de las comunidades.
En este contexto, la participación ciudadana deja de ser únicamente una exigencia administrativa y pasa a convertirse en un elemento que puede contribuir al diseño y viabilidad de los proyectos, reduciendo además eventuales incertidumbres posteriores.
La visión es compartida por Larraín, quien plantea que la expansión logística debe generar beneficios perceptibles en las zonas donde se desarrolla. Empleo, capacitación, conectividad y fortalecimiento de las capacidades locales forman parte de una agenda que debe acompañar las decisiones de inversión e infraestructura.
Estos temas serán abordados en LogiRed 2026, el Primer Congreso Internacional de Logística Portuaria, que reunirá en San Antonio y Los Andes a representantes de la academia, la industria y el sector público. El encuentro contempla materias relacionadas con innovación, sostenibilidad, digitalización y desarrollo de capital humano.
Para Larraín, una de las principales ventajas de este tipo de espacios es la posibilidad de conectar perspectivas que normalmente se desarrollan por separado. La industria puede conocer los avances de la investigación académica, mientras que las universidades tienen la oportunidad de comprender de primera mano las necesidades de la operación.
Una cadena que debe responder de manera coordinada
Las investigaciones de De Luca y Bearzotti apuntan hacia una misma conclusión: la capacidad portuaria, los accesos terrestres, la transformación digital, la sostenibilidad, la formación de profesionales y la relación con las comunidades forman parte de un mismo sistema.
Bearzotti destaca que algunas de las mejoras más significativas se producen cuando información, infraestructura, transporte y personas funcionan de manera coordinada. Desde la perspectiva portuaria, De Luca coincide en que el futuro dependerá no solo de la infraestructura disponible, sino también de la velocidad, confiabilidad y capacidad de respuesta de toda la cadena.
Para COLSA, por tanto, no se trata de escoger entre infraestructura, tecnología o capital humano. El desafío consiste en desarrollar simultáneamente cada uno de estos componentes.
El desempeño logístico de Chile se juega así en una cadena que va mucho más allá de los puertos y corredores de transporte. Cada contenedor que llega a destino depende de sistemas tecnológicos, trabajadores especializados, procesos eficientes y una coordinación efectiva entre múltiples actores.
En un escenario de comercio internacional cada vez más dinámico, la capacidad del país para integrar estos elementos será determinante para responder con eficiencia, continuidad y confiabilidad a las nuevas exigencias del mercado global.
Nota Editorial: *Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.
Fuente: agendalogistica.cl





