La electromovilidad avanza como una transformación profunda en las ciudades y plantea nuevos desafíos para reducir las emisiones asociadas al transporte. El cambio ya es visible en el transporte público, pero ahora el reto se concentra en llevar la transición energética al sector de carga y a las cadenas logísticas que sostienen la economía.
La discusión sobre movilidad eléctrica trasciende el desarrollo de baterías, puntos de carga y nuevas tecnologías. También involucra la calidad del aire, las condiciones de vida de las personas y la manera en que se planifica el transporte de mercancías. Este enfoque fue abordado en un panel sobre calidad del aire realizado en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Cumbre de Líderes de Pacto Global, instancia en la que Chile estuvo representado.
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El país ha registrado avances en regulación ambiental, planes de descontaminación, sistemas de monitoreo y transición energética. Santiago, además, cuenta con una de las mayores flotas de buses eléctricos urbanos fuera de China, con más de 4.000 unidades. A esto se suma el crecimiento sostenido de las ventas de vehículos de cero emisiones.
Sin embargo, la electrificación del transporte de carga continúa siendo uno de los principales desafíos. Camiones y otros vehículos utilizados en logística cumplen un papel fundamental en la distribución de alimentos, medicamentos y bienes esenciales, por lo que su transición hacia tecnologías de menores emisiones resulta estratégica para avanzar en la descarbonización del transporte.
En este contexto, cerca de 50 representantes del sector público, empresas, gremios y la academia participaron en un encuentro realizado en la Residencia de Suecia, orientado a impulsar las bases de una Estrategia de Negocios para una Logística Sostenible. La iniciativa contó con la participación de Pacto Global Chile y del Centro Avanzado de Transporte, Logística y Competitividad Económica (CATLEC).
En el encuentro participaron organismos públicos, la Agencia de Sostenibilidad Energética y compañías de distintos sectores, entre ellas Copec, Enel, Codelco y Scania. Las conversaciones plantearon que la transformación de la logística requiere combinar innovación tecnológica con cambios regulatorios, coordinación entre actores y una mayor incorporación de criterios de sostenibilidad en las decisiones empresariales.
Entre los desafíos identificados se encuentran la expansión y estandarización de la infraestructura destinada al transporte pesado eléctrico, así como el desarrollo de sistemas de transporte multimodal que permitan mejorar la competitividad y reducir las emisiones.
Chile también cuenta con una posición relevante dentro de la transición energética global debido a sus recursos de litio y cobre, minerales utilizados en distintas tecnologías asociadas a la electrificación. No obstante, el desarrollo de una logística sostenible requiere coordinación entre el Estado, las empresas y las instituciones académicas.
La experiencia de Suecia en materia de colaboración público-privada fue destacada como un referente para abordar estos desafíos. En paralelo, los objetivos establecidos en la Agenda 2030 y el ODS 11, relacionado con ciudades y comunidades sostenibles, plantean la necesidad de compatibilizar el desarrollo económico con la protección ambiental.
La transición hacia una logística de menores emisiones dependerá, en buena medida, de la capacidad de articular infraestructura, regulación, tecnología e inversión. Para Chile, el desafío consiste en extender los avances registrados en el transporte urbano hacia el transporte de carga y consolidar una estrategia que permita reducir progresivamente la huella ambiental de la actividad logística.
Nota Editorial: *Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.
Fuente: latercera.com





